
Muchas veces es necesaria la levitación repentina de nuestro ser para observar nuestro actuar cotidiano de una manera muy poco común a nuestra mirada gorda de la realidad.
Lo más probable es que una jornada de ocupaciones se pase a la velocidad de la luz y al momento de relajar la mente, nos ocupamos de que siga en funcionamiento, privándola del reposo necesario.
Algunas noches morimos en el intento de la comunicación interna y otras tantas, antes de morir, estaría bueno replantearse con la conciencia, si me siento satisfecho por haber cumplido dicha jornada, o si me siento realizada por haberla cumplido y vivido; puede que en palabras no haya mucha diferencia pero en gestos si la hay y es LA SONRISA.
Existe un alto porcentaje de sentimientos negativos y ahogamientos en vasos comunitarios donde la superficie es difícil de encontrar; difícil, pero no imposible he dicho.
Al momento de tocar fondo es el instante preciso para mover ESA ficha en ESA dirección; puede que también muchas veces se dirija hacia el lado contrario del que deseamos, pero no hay nada que pueda solucionarlo mejor que unas buenas riendas justo a tiempo; pero siempre existe la excepción a la regla y en este caso hago referencia a la falta de visibilidad y cuando eso sucede, lo ideal sería agudizar y potenciar el resto de nuestros sentidos para detectar LA salida.
Llegado al caso de que haya transcurrido demasiado tiempo desde el arribo a ese lugar tan poco deseado, lo más aceptable seria apartar un poco de cada día para compartirlo con uno mismo y hacer lo que pocos hacen, porque se fue perdiendo por su desuso a lo largo del tiempo; y me refiero a la REFLEXION.
Insisto que los obstáculos en el camino no es el mayor de los problemas; sino echarle la culpa a dichos obstáculos y sentirse falto de fuerza de voluntad, cometiendo el error más grande de buscarlo afuera, cuando resulta que se encuentra puertas para adentro.

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