
Si decidiste irte, no te juzgo
Si decidí quedarme, no me juzgues.
Puede que hayas perdido los motivos para sonreír a mi lado,
Que se te hayan esfumado las ganas de verme,
Y que se le haya opacado el brillo a tu mirada;
Pero por suerte yo puedo ver más allá de la oscuridad,
Aunque mi corazón llore y agonice por tu ausencia, tengo guardados infinitos motivos para hacerte sonreír y millones de razones para que vuelvas a sentir.
A esta altura del juego, todas mis cartas están sobre la mesa y de ninguna manera me echare atrás.
Nadie me asegura un buen final para este cuento, ni nadie me asegura una catástrofe mortal;
Ya que nadie me asegura nada, con el miedo a flor de piel, los bolsillos llenos de incertidumbres y unos cuantos golpes de antemano, yo me lanzo desde este acantilado con intenciones de remar.
A falta de armas y herramientas, pondré en marcha mi fuerza de voluntad; optare por seguir para adelante sin echar la vista atrás.
Son tiempos sin tiempo, son caminos sin guías, son golpes sin avisos y hasta quizá alguna pizca de alegría.
No cuento con ningún punto a favor, y es mi mayor desventaja, pero sabiendo lo que siento, es incorrecto quedarme de piernas cruzadas.
No sabría decirte cuando, pero ya verás que el sol volverá a brillar en tus ojos y seré yo quien los contemple,
Volverás a abrir tus brazos y seré yo quien te abrace una vez más.
Mis más divinos defectos de a poco se irán con intenciones de no volver jamás.
No apuremos el tiempo,
Ya verás corazón que todavía queda algo de tinta en el tintero…

